Era casi una niña
Cuando se hizo su esposa,
Entre sábanas blancas
Se convirtió en mujer.
Su mundo se reduce
A dos hijos y un esposo,
Y cada día que llega
Es igual al que se fue.
Ella lava la ropa
Y cuida de los niños,
La mesa tiene lista
A la hora de comer.
La casa pone en orden,
Todo se ve muy bien
Para cuando él regrese
Al filo de las seis.
Entonces, en silencio,
Escuchará sus cuitas,
Le quitará las medias
Y le traerá un café.
Verá que la comida
Resulte de su agrado
Y que su hombre cansado
Sacie su hambre y su sed.
Más tarde, en la alcoba,
Cumplirá su deber,
Con la luz apagada,
Sin el menor placer.
Jamás discute nada
Ni habla de su suerte,
Juró serle sumisa
Hasta el día de su muerte.
No ha conocido nunca
Las flores del verano,
Ni ha habido diferencia
Entre otoño y primavera,
Y a veces se pregunta
Cómo sería su vida…
¡si viviera!
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